La vitalidad de la literatura venezolana

Dossier Venezuela

Por Dayana Fraile

Dossier Venezuela

Escribir un texto introductorio para una muestra de cuentistas venezolanos destinada a ser publicada en el extranjero es casi como escribir en el vacío. Imagino que el lector no tiene de dónde sostenerse y empieza el vértigo. La certeza de que la literatura venezolana es una de las menos difundidas de Sudamérica relumbra en mi frente y gira como un tiovivo siniestro. Las hipótesis que intentan explicar esta circunstancia son numerosas aunque ninguna es definitiva.

La más extrema es el síndrome del patito feo: la sólida creencia de que la poca o nula atención que recibe la literatura venezolana en la escena internacional se debe a la falta de calidad de su corpus. Por fortuna, la mayoría de las veces este mal sólo evoluciona en ambientes marcados por el total o parcial desconocimiento de nuestro acervo.

Otra posición importante es la de los optimistas redomados, como yo, quienes pensamos que nuestra maquinaria organizativa ha fallado estrepitosamente y nos dedicamos a ver culpables en todos los flancos: creemos el Estado, las editoriales, la academia, los críticos literarios, los escritores y los mismos lectores somos un poco responsables de esta situación. Pero, ciertamente, abrigamos la firme convicción de que la casa siempre gana y nos entregamos a releer los maravillosos libros venezolanos que se han escrito y que se siguen escribiendo y nos dedicamos a perseguir visiones de articulación y mejoría. Más allá de estas posturas, existen muchos puntos intermedios.

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