Luis Chitarroni: “El escritor tiene que ser escandalosamente visible”

Hace muy pocos meses consagrado Editor del Año por la Fundación El libro (que agrupa a varias de las más importantes instituciones del ámbito editorial del país), Luis Chitarroni conversó extensamente con La balandra acerca del vínculo que se genera entre un editor y un autor, nos habló de su oficio como responsable de una de las casas editoriales de mayor prestigio en el país y brindó su visión sobre la narrativa argentina actual, más algunos consejos para principiantes.

Por Ariadna Castellarnau y Facundo Piperno

En lo más profundo de las barrancas de Belgrano todavía sobreviven algunos caserones rodeados de jardines, trianones que destilan elegancia, firmeza y encanto y son como oasis en medio del repetitivo paisaje de moles de cemento que han tomado la ciudad por asalto. En una de estas casas se encuentra el despacho de Luis Chitarroni, editor, escritor, figura responsable del cuidadísimo catálogo de La Bestia Equilátera. Para llegar, hay que subir una escalera, doblar un pasillo, doblar otro, pasar por delante de una, dos puertas, aquí tampoco es, la otra. La casa es un laberinto y así, sin querer, entre tanto pasillo, surge una asociación: el misterioso y casi mitológico nombre de la editorial, esa bestia equilátera, que tal vez sea pariente del minotauro encerrado en su laberinto, sólo que aquí a quien se le rinde tributo es al lector.

Luis Chitarroni –Editor del Año de la Fundación El Libro– nos espera semiescondido detrás de un centenar de libros, con una sonrisa abierta y una evidente disposición para la charla. De hecho, las primera preguntas las hace él. Quiere saber quiénes somos, de dónde venimos y qué hacemos. Quiere saber cómo, cuándo y porqué. Y entonces surgen los libros, se buscan coincidencias, se comentan desacuerdos, se nombran títulos que casi nadie menciona ya (The Go-between, Los restos del día, La piedra lunar) y Chitarroni se luce como esa extraña mezcla de lector voraz y exquisito que uno desea que sean todos los editores del mundo. Después de dedicar un rato a textos extranjeros la primera pregunta cae sola, como inevitable.

–¿Se vende ficción argentina en la Argentina?

–Yo creo que existe un patrón que se repite desde mis tiempos como editor en Mondadori y que a mi entender no se modificó. Un libro de un autor argentino vende, con suerte, unos seiscientos ejemplares. No importa, ya, que hablemos de un autor consagrado o de un autor desconocido que recién empieza, lo mismo da. Lo que se puede decir con claridad de la ficción argentina, lo que uno ve, es que existe una absorción milimétrica del mercado, que es una zona muy cubierta.

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