Palabras a un principiante: ¿Escribir o no escribir?

A todo escritor en ciernes le gusta escuchar el consejo del autor que admira. Más allá de que “consejo” puede no ser la definicón adecuada para lo que un narrador consagrado puede advertirle o decirle a sus pares (futuros o actuales) sobre la profesión que ha elegido y desempeña, en este espacio buscamos publicar esas reflexiones que muchas veces, para quien las lee, marcan la diferencia entre comprometerse o abandonar el camino.

Por Efraim Medina Reyes

Si uno necesita que le aconsejen sobre si debe seguir escribiendo o no, es mejor que se dedique a otra cosa. En mi caso jamás le pregunté a nadie ni esperé más del acto de escribir que las emociones contradictorias y la sensación liberadora que siempre me ha producido. Escribir fue lo único que tuve cuando no tenía nada y hoy, que he logrado cierta estabilidad en los diferentes aspectos de mi vida, escribir sigue siendo mi refugio favorito. En realidad escribir no tiene relación alguna con publicar; publicar equivale a un accidente, más o menos afortunado, que puede tener quien escribe. Pero parece que cada vez más personas se lanzan a escribir con la ilusión de ser publicados y hacerse ricos y famosos. Bastaría pensarlo un poco para entender lo demencial que es gastarse las mejores noches de la vida encerrado en una habitación esperando que todo eso que escribimos se convierta en libro. Es como si todas las personas cada vez que tienen sexo esperaran tener un hijo. ¿Te imaginas? […] Por supuesto que para alguien que ha logrado entrar al mercado editorial y tener cierto éxito resulta muy fácil asumir esta posición; el único detalle es que hasta abril de 2001 yo llevaba diecisiete años escribiendo sin que a nadie le importara un pito y eso fue la mejor parte del asunto. Cierto que gané desde la adolescencia algunos premios literarios pero nunca me propuse vivir de esto y todavía me parece extraño que me paguen por escribir.

Quisiera ser lo más claro posible esta vez; publicar, vender, tener lectores, críticas buenas y malas, gente envidiosa, estúpidos que te halagan o insultan… es absolutamente satisfactorio. Me gusta firmar libros, dar entrevistas y escribir para varias revistas en Colombia y otros países. Me gusta ver mis libros traducidos a otros idiomas. No tengo nada en contra que la gente se divierta y se gane, mejor si es de forma honesta, un montón de dinero. Pero si sigo escribiendo y no publico tanto como me piden es porque lo considero aún algo íntimo y emocional. De las doce novelas que había escrito hasta 2002 sólo he publicado tres y en los últimos años he escrito cuatro. Sin contar los poemas, relatos, guiones, pequeñas obras de teatro… Escribo hasta dormido porque es mi droga esencial con la cual destruyo mis taras y fantasmas de siempre.

Mi experiencia es la de un niño que, a pesar de los golpes inesperados de la vida, tuvo una infancia feliz. La de un adolescente que casi no sobrevive a sus miedos. La de un hombre que aprendió a contar sólo consigo mismo y que ahora se siente más o menos a gusto en su pedazo de mundo. No sé por qué un vino es mejor que otro, no tengo diplomas, no gané ninguna de mis peleas como boxeador amateur… pero cuando escribía en aquella oscura, anónima y calurosa habitación de Cartagena de Indias me sentía, como ahora, en mi elemento.

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